Creer en el amor

Creo en la confianza y el amor, en que dos personas pueden hacer grandes cosas cuando, a pesar de las heridas, de los desencuentros, el desorden, la confusión y el desastre son capaces de levantarse juntos, de ayudarse uno al otro para reconstruir todo con mejores cimientos que lleven una estructura de acero solida para que nunca se derrumben.

No creo en el matrimonio porque en realidad no estoy convencida de que exista, cada par lo hace y deshace como mejor puede; en cada dos va cambiando, transformándose en quizás algo totalmente diferente. Es sólo una palabra para nombrar a dos que decidieron comprometerse a estar juntos por medio de un papel que dice que son una pareja, como si en realidad se necesitara de uno. Pero hasta hoy nadie sabe con seguridad lo que es.

Creo en el deseo de crecer junto a ese otro no sólo como espectador, sino también como apoyo; creo en la curiosidad de conocer más de él, de ver hasta dónde es capaz de llegar y alentarlo para que no se rinda, en el querer estar, permanecer juntos para recordarle quién es en el momento en que lo olvide.

Creo en que por fin encuentres a alguien con quien no sólo puedas ser tú, sino alguien mejor, un ser que no puede mas que intentar ser más de lo que ya es porque quien está a su lado no deja de inspirarlo. En poder rendirte y mandar todo al diablo porque siempre contarás con el otro para caer de cansancio, de dolor ante sus brazos sin temor a que te suelte.

Creo en la paz que te da llegar a un hogar que se conforma en el instante en que están esos dos, solos, sin nadie más. Cuando por fin pueden deshacerse de todo eso del exterior que les estorba y seguir en la hermosa soledad de su compañía; esas almas que juntas se convierten en el mejor refugio de todo lo que hay fuera.

No creo en el matrimonio porque es una ilusión, es la fachada tras la que sucede la verdadera magia. Ésa que pocos alcanzan y creen obtener tras firmar un papel, como si fuera el tan prometido y eterno final feliz.

Creo en las parejas que, a pesar de todo, apuestan y firman, sin que sea eso lo verdaderamente importante. Creo en esos dos que saben que es sólo un paso más para seguir adelante, seguros de que eso no hace más fuerte o más débil lo que por sí solo ha sido enorme, los ha hecho grandes.

Creo en las ganas de gritar, de confirmar por todos los medios que es esa persona con la que quieres seguir enfrentando la vida, hasta que ésta termine.

Porque hoy nadie lo hace, o quiere hacerlo. Porque sí, es de valientes apostar por algo que las estadísticas pueden asegurarte que no va a durar, que serán un número más de aquellos que siendo tan cercanos, terminaron por ser sólo dos extraños más.

Todos lo advierten, la vida nos ha enseñado que no es buena idea intentar que algo dure, prevalezca; si lo sabemos, terminará. Cada vez son más los cuerdos, los que forman parejas sin necesidad de arriesgarse más de lo indispensable, de lo irremediable.

En realidad no apuestan, no arriesgan sin estar seguros; muchas veces saben que son ellos quienes no están del todo, nunca lo harán. Porque la inversión siempre es mejor cuando se trata de negocios. Porque puede existir algo que te haga cambiar de opinión y entonces tengas que partir; es mejor hacerlo sin nada que pese, que lastime; sin los recuerdos, sin el dolor, sin el amor.