La torre de despedida

Hace dos meses y medio fui a Ámsterdam con motivo de visita, ya que decidí que era tiempo de tomar unas vacaciones y darme un tiempo a para mí mismo en un lugar de mi gusto, sin tener ningún tipo de interrupción ni problemas, ya que de esos tengo suficiente en mi ciudad natal.

Al llegar a mi hotel en Ámsterdam, acomodé todas mis cosas y me eché en la cama para  descansar un poco del viaje, cuando de pronto me di cuenta que había olvidado un asunto de suprema importancia que tenía que hacer antes de irme.

Se trataba de la tramitación de unos préstamos rápidos y seguros para diez de mis empleados, a quienes prometí  dar un bono extra debido a su excelente trabajo a lo largo del año, algo que me pegó como un trueno a un árbol.

En ese momento hablé a la recepción para que me otorgaran el código de internet, para ver si era posible poder tramitar estos préstamos en línea, algo que afortunadamente fue posible, pese a todas mis expectativas y en menos de 20 minutos todo estaba listo.

Por supuesto que mis deseos de descansar y dormir se esfumaron por completo debido a mi pequeña experiencia; sin embargo estaba lleno de energía, debido a la felicidad que me causó el poder llevar a cabo esta operación tan importante, tanto para mis empleados como para mí.

Por esta razón decidí abandonar mi hotel y buscar un bar dónde comer y tomarme varias cervezas, disfrutando tanto de aquel ambiente gótico y poéticamente obscuro que ofrece la ciudad de Ámsterdam, una ciudad que siempre me ha gustado mucho  desde muy pequeño.

En aquella ciudad, hay un lugar por el cual tengo un gusto en particular, un lugar donde he pasado momentos tanto especiales como divertidos en el pasado y un lugar que frecuento absolutamente cada vez que voy a Ámsterdam y continuaré visitando cada vez que vaya. Se trata del VOC Café.

Este café, que en realidad es un pub, lo descubrí por primera vez cuando tenía 18 años, gracias a una amiga holandesa quien me llevó ahí el día de su cumpleaños, un festejo que solo quiso tener conmigo y así fue.

Dicho café se encuentra inmerso en una torre medieval, observando los canales que llevan al mar, una torre conocida con el nombre de Schreierstonen, que significa torre de los lamentos en la lengua holandesa.

La torre fue construida en el año de 1480, con el propósito despedir a los marineros de la Compañía Holandesa de las India Orientales que partían hacia el Nuevo Mundo o hacia cualquier otro lado del globo terráqueo. Estos viajes muchas veces duraban años y era común el nunca regresar debido a alguna tragedia en el mar. A esta torre se le conoce como la Torre de los Lamentos, debido a que por muchos años las esposas despedían ahí a sus maridos con ojos llenos de lágrimas y una voz cortada.

Dentro de esta torre se encuentra el café que tanto me gusta y que desde aquellos años era el lugar de la última cerveza entre camaradas o amantes antes de partir.