Las alturas

Hace no mucho tiempo estaba volando en un vuelo de Volaris, donde todo iba perfecto, cuando de pronto comencé a tener un gran temor y una ansiedad muy grande, algo que desgraciadamente me sucede con mucha frecuencia en muchos vuelos, sin importar la aerolínea o el lugar donde esté sobrevolando, aunque se hace peor cuando vuelo sobre el mar y especialmente sobre océanos.

Sucede a muchas personas con este temor, que no saben sobre su procedencia, algo que puede hacer las cosas mucho peor o mucho mejor, aunque el resultado siempre es el mismo, temor.

El temor, aunque muchas personas lo antagonicemos, es un mecanismo del cuerpo diseñado para resguardad nuestra seguridad y evitar que nuestro organismo se encuentre en una zona de peligro, para de este modo hacer lo que la mente de cualquier ser vivo está diseñada para hacer, esto siendo asegurar su supervivencia.

El problema es que algunas veces, los mecanismos de defensa triviales, provenientes del principio de los tiempos, fácilmente pueden salirse de control, causando así reflejos irracionales que pueden llevar a una persona a perder la razón.

Por mi parte, sí entiendo muy bien el porqué de mi temor a las alturas, un temor que no es racional, aunque sí lo es empírico, ya que cuando era pequeño caí varias veces de lugares altos, por no decir bastante altos para una persona de mi entonces reducida edad.

La primera vez que caí desde una altura prominente fue cuando tenía unos dos años, al  caer de una litera cuya altura superaba la de cualquier adulto promedio y en esos tiempos yo era un niño bastante chico  en tamaño.

miedo-a-las-alturas-1La segunda vez que caí de algún lugar alto fue de un árbol que gozaba escalar, un árbol del que mis padres y sobre todo mis abuelos me decían que debía mantenerme alejado o al menos bajo sus ramas, disfrutando de su sombra como los seres humanos deben convivir con los arboles.

La razón por la que escalaba aquel gigante con tanta frecuencia era porque era un punto de observación invaluable a toda la cuadra, algo que por alguna razón me hacía sentir bastante seguro, ya que de este modo sentía que tenía poder sobre todos y todas, al tener la habilidad de ver lo que hacían cuando nadie veía.

Naturalmente, no lo razonaba con esa claridad y lo hacía solo porque me sentía muy seguro en las alturas, hasta que las alturas me expulsaron de su reino.

Sin embargo, ahora que veo para atrás, mi expulsión del reino de las alturas fue producida por mi falta de respeto a ellas, ya que después de varias veces de subir a aquel árbol sentía que el peligro era inexistente y pensaba que me encontraba en mi propia casa.

Un buen día, al cruzar de rama en rama con suma distracción, caí de una distancia aproximada de ocho metros, impactando cada rama con mi rostro.

Desde ahí que yo tampoco quiero a las alturas.